La irrupción de Europa en el continente americano a partir del siglo XVI modificó de manera abrupta la vida de los pueblos
indígenas. Al momento de la conquista, iniciada en territorio de lo
que hoy es Colombia con la expedición de Rodrigo de Bastidas, los pueblos indígenas tenían una distribución y desarrollo desigual.
En la península de la Guajira un complejo cultural
Arawak dominaba el territorio; en la Sierra Nevada de Santa Marta la
confederación de los tairona agrupaba distintos pueblos de habla
Chibcha y sobre el litoral Atlántico se asentaban numerosas comunidades
Caribe. Al occidente, dominando el Atrato, estaban los tule, sobre el
Darién los cueva y sobre los ríos Sinú y San Jorge una densa población
Zenú.
En la costa Pacífica los pueblos chocó estaban distribuidos a lo largo de todo el territorio mientras que en el noroeste andino se encontraban pueblos,
probablemente Caribe, como los pozo, carrapa, nutibara y arma. En los
actuales departamentos de Caldas y Quindío los anserma y los quimbaya
agrupaban poderosas confederaciones y en Santander, caribes del pueblo
Yariguie dominaban la olla del Magdalena junto a los opón y carare.
Allí también se encontraban los barí y los chitará, y en la frontera
con los muisca el pueblo chibcha de los guane. En el altiplano de
Cundinamarca y Boyacá estaba la nación Muisca, la más numerosa hallada
por los conquistadores.
Hacia el centro y sur del valle del Magdalena y en conflicto con los muisca, habitaban diversos pueblos
de origen Caribe, entre los que se menciona a los panche, coyaima
yandaquí. En el actual Valle del Cauca tenían asiento los lilí y
gorrión, mientras que en Nariño vivían los pueblos pasto, abad y quillacinga. En los llanos Orientales pueblos arawak como la nación Achagua y Sáliva vivían junto a otros pueblos Caribe como los guahibo. Por último, en la Amazonia una infinidad de pueblos desarrollaban distintas alternativas de convivencia con la selva tropical.
Después de los viajes de Colón, los expedicionarios españoles obtuvieron licencias de la corona, las llamadas capitulaciones,
para iniciar la conquista de las tierras americanas. Durante la
primera mitad del siglo XVI La Corona otorgó mercedes reales, para
asignar extensos territorios como recompensa a los conquistadores por
sus empresas. Así, se establecieron en el territorio de la actual
Colombia, conquistadores y sus huestes, a pesar de la resistencia de
las comunidades indígenas del norte del territorio que durante los
primeros años fueron esclavizadas y trasladadas a las Antillas (Friede
1989:75).
La estrategia de poblamiento español fue la
fundación de ciudades y poblados, reubicando a los indígenas para la
explotación forzada de su trabajo confines tributarios y de prestación de servicios personales. Los pueblos de indios, implantados para las comunidades andinas, organizaron la población para vivir en policía,
mientras que en las zonas alejadas del control de la metrópoli, las
misiones se constituyeron en las instituciones rectoras del orden y la
civilización.
El repartimiento, la encomienda y la mita minera y urbana
fueron las instituciones coloniales que aseguraron la sujeción de las
comunidades indígenas al pago de tributos ya los trabajos forzados en
minas, haciendas y ejidos. Más tarde, con las medidas proteccionistas
de La Corona se obligó a los beneficiarios, los encomenderos, a
proteger a los indígenas y a evangelizarlos mediante la contratación de
un cura doctrinero; sin embargo, los abusos de los encomenderos contra
los indígenas generaron una protesta a todo lo extenso de los
territorios colonizados.
Intelectuales humanistas, como Fray Bartolomé de las
Casas y el Obispo de Popayán, Juan del Valle, se opusieron a las
encomiendas. A pesar de la expedición de normas como la Ordenanza de
1528, prohibiendo los servicios personales, o las llamadas Leyes Nuevas
de 1542, sólo hasta 1718 se abolió esta institución.
Una vez consolidado el sistema de explotación
colonial fueron múltiples factores los que llevaron a muchos de los
grupos étnicos originarios a la extinción. El desarraigo, las epidemias,
los trabajos excesivos y la desarticulación de las sociedades
indígenas fueron algunos de los causantes de la catástrofe demográfica
que caracterizó los siglos XVI y XVII en la Nueva Granada. Las cifras
de las visitas a las encomiendas por parte de funcionarios españoles
ejemplifican este proceso de disminución; así, para la provincia de
Tunja los tributarios descendieron de 53.465 a 8.610, en la Provincia de
Pamplona de 31.855 a 4.526, en Cartago de 4.573 a 119 y en Pasto de
22.857 a 6.938 (Colmenares, 1973:92).
Frente a esta crisis poblacional, La Corona declaró a los indígenas como vasallos libres
permitiendo la esclavización sólo mediante la declaración de la guerra
justa, un recurso legal que lejos de proteger a los indígenas,
garantizó su sujeción a La Corona y al Cristianismo.
La dificultad para la consecución de fuerza de
trabajo nativa y las continuas rebeliones de los indígenas que
trabajaban en las minas llevaron al régimen colonial a importar en
condición de esclavizados a personas provenientes del continente
africano. Los africanos y sus descendientes ocuparon en Colombia de
manera principal el litoral Caribe, las zonas mineras, los valles
cálidos interandinos y en el siglo XVIII, los bosques tropicales y
húmedos del litoral Pacífico.
La Colonia generó una sociedad estratificada,
diferenciada de acuerdo a códigos de pertenencia étnica, de escasa
movilidad social. En la cima de la pirámide social dominaban los
funcionarios, comerciantes, religiosos y encomenderos españoles que
alegaban su condición de “sociedad blanca”; les seguía la población de
origen español nacida en América llamada “criolla”, que no obstante su
situación económica privilegiada, no tenía acceso a los cargos elevados
de la administración colonial.
Como sectores sociales subordinados estaban los
mestizos, hijos de hispanos y de personas con algún grado de
ascendencia indígena o africana que se dedicaban a la artesanía, el
pequeño comercio, el trabajo asalariado
y las labores agrícolas; les seguían los indios, declarados vasallos
libres pero reducidos a las encomiendas, las mitas, y luego a los
resguardos territoriales como tributarios. La base de la pirámide social la
conformaban los esclavizados, personas negras y mulatas provenientes
de África que trabajaban de manera forzada en las minas y plantaciones.
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